sábado, 21 de abril de 2007

Entré llorando y salí llorando...

Entre todo lo que se dice acerca de los alumnos del Internado, del secreto inbano, el jardín secreto, los túneles, la salida por San Pablo, la extinta cabaña del tío Tom, etc. etc.. una de las cosas que me marcó durante la estadía en el INBA, al inicio fue no querer formar parte de su alumnado. No estaba acosumbrado a un colegio de solamente hombres, le tenía algo de miedo a ese inmenso Hall, a la interminable estructura de ese antigüo establecimiento. Con el paso del tiempo y la experiencia de los años, sobre todo durante la enseñanza media, te vas dando cuenta de que las cosas no son malas del todo, mis compañeros y yo sufrimos del arroz con detergente, las penosas comidas de la FED., la temida bajada de los 4tos a quienes eran internos, además de variadas y diversas bromas pesadas y travesuras por parte de algunos o el curso en conjunto.

Se formó una familia, en mi caso al menos, varias familias porque el 2do medio B, fue disuelto. Mi vivencia con el 3ro E fue más que amena, en su mayoría todos muy agradables, muchas excepciones claro, pero hasta estos días cuento con grandes amigos de ese curso. 4to medio lo hice en el A, el curso más viejo del Internado, junto a mi hermano, y sus compañeros, mis amigos, los incondicionales.

El año 2004, en la graduación, muchos rompieron en llanto, porque el curso de nuestra vida en el INBA llegaba a su fin, porque muchos no se verían en largos períodos de tiempo, porque el recuerdo de esos patios, las salas y dormitorios quedarían latentes en el corazón de una gran mayoría de ex- alumnos.

Al INBA, UNO ENTRA LLORANDO Y POSTERIORMENTE SALE LLORANDO, PORQUE ES ALGO QUE DA NOSTALGIA Y PENA DEJAR.